lunes, abril 12, 2010

modales

1.
Tu idioma se hace, de golpe, otra cosa.
2.
Los trece trabajadores que entraron hace un momento por las puertas dobles de madera emprenden su tarea: dislocan los paneles de las paredes, desconectan cables, deshacen cubículos. Tu jefa los lleva esperando desde hace ya una semana.
3.
Ahora que finalmente llegan, se queja del ruido. De los golpes de martillos, de los paneles azotándose entre sí, de las diáfanas voces que prometen—pero nunca cumplen—una interrupción del tecladeo de tus compañeros, del telefoneo de tus compañeros, de la rutinaria circularidad de los días nueve-a-cinco de tus compañeros.
4.
Desde tu cubículo, que será el último en ser desplazado, observas como las murallas de escombros no estorban. Como ese grupo de trece trabajadores extranjeros no calan la más mínima discrepancia. Los flujos de personas continúan por el pasillo, estirando sus pasos para cruzar una caja de herramientas mal colocada, o alterando su ruta levemente.
5.
Escuchas sus chistes. Los de los trece trabajadores. Sus comentarios, sus nombres saltando de un extremo de la sala a la otra, pidiendo un destornillador aquí, un martillo allá. Miras el monitor, como haces siempre, sin parpadear. Pasas los códigos de barra por el nuevo escáner silencioso. Anotas a qué biblioteca irán. Verificas que no haya ningún pedido. Separas los que tienen un número de catálogo demasiado grande para la impresora. Notas que con cada día que pasas te haces más familiar con el sistema de catalogación de la Biblioteca del Congreso. De sólo leer los títulos los identificas—literatura en español en los PQ, libros de orientalismo DS, literatura norteamericana PS—sonríes. Te recuestas un momento en tu silla, estriegas tus ojos con los dedos índices, y es entonces que te percatas que entiendes martillo, que entiendes destornillador. Uno de los trabajadores se para a tu lado, y te dice algo en inglés. Asientes. Respondes en ingles, let me know when you need me to move, le dices.
6.
Do you need headphones to concentrate? —, te pregunta tu jefa y tiras de tus hombros, como sueles hacer, y le dices que no, que ya pronto terminas la orden de libros, pero mientes, porque sí necesitas los audífonos, sí necesitas aislarte, necesita silenciar los martillazos, y no sabes por qué, necesitas callar los golpes de paneles con paneles, necesitas callar los pasos, necesitas no entenderlos.
7.
Una mujer peliroja con chaqueta se les acerca a los tres que trabajan cerca de ti. Do you speak english? Les pregunta. Ellos se miran entre, y uno de ellos response of course. El jefe de los trabajadores, el que lo acompaña le llama Padrino, se le acerca a la mujer y conversa con ella. Uno de ellos, pequeño, Ricky, le comenta al otro, al que le dicen Broadway, que la americana esta está guapísima. Te obligas a mirar el monitor nuevamente. A no responder. A no entenderlos. A no escucharlos hablar de la mujer peliroja que también trabaja allí y que se llama Rebecca, si mal no recuerdas, originaria de Boston, que siempre llega al salón de almuerzo justo cuando tu terminas de comer.
8.
¿Cómo es que te sabes los nombres de ellos?, te preguntas.
¿Por qué demonios te sabes los nombres?
9.
Trabaja, te dices. Trabaja. Tomas algunos libros. Escaneas los códigos de barra. Apuntas los nombres. Envías los avisos a los usuarios que los han reservado. Miras los números de catalogación, intentas adivinar. Los que te tocan ahora son fáciles. Los M son partituras. Los ML son libros de música, en general. Pueden ser lecciones, o pueden ser libros de historia, o teoría. Los MT son técnica. Los conoces desde antes, esos. Fácil, demasiado fácil, te dices, recordando tus años en la biblioteca de música de la UPR. Dame algo más difícil, le insistes al cajón de libros y sacas el próximo.
10.
Te pregunta algo, uno de los trabajadores. Tiras tus hombros. Le dices que no entiendes. Él va a tu jefa.
Te olvida.
11.
Tu no lo olvidas. Algo comienza a quemarte adentro. Algo te molesta.
12.
Tu jefa te pregunta si los entiendes, a los trabajadores.
They speak english, no? Te pregunta.
I don’t know, le respondes. Y cambias la cara.
M, MT, ML. PQ, PS, DS, PS, BF…
13.
Dos de los trabajadores se detienen a tu lado.
Ricky le comenta a Padrino algo de la condición de su mujer.
Padrino lo mira, le sonríe, pero cuando está a punto de responder, se detiene, y estornuda.
14.
Te viene de adentro, de lo hondo, de todos esos años de crianza, de los correazos, de las mano dura de tus padres que insistía en que llamases a los mayores don, doña--Salud, dices, por instinto, como vómito, tu voz suena seca, pequeña, y los dos hombres te miran, y no puedes hacer más que recibir la mirada, esa mirada-reclamo, esa mirada-confusión, esa mirada-asco, y no puedes hacer más que recibirla y sentir cómo se te filtra por las pupilas y se riega, como cáncer, por tu cerebro, por tu esófago y te das cuenta que es candela, que es fuego, y que arde.
Arde con cojones.

5 comentarios:

rAm dijo...

"Quien no está orgulloso de su origen no valdrá nunca nada; porque empieza por despreciarse a sí mismo."
-Pedro Albizu Campos"

The Trade dijo...

"Así es la vida nene, no te la tomes muy personal"
- Mi Jefa

muy bueno, esto

Sergio C. Gutiérrez-Negrón dijo...

1. gracias, trade-man. amén a tu jefa.

2. por cierto, para quien cita a Albizu, a veces hay que poner en tela de juicio la realidá/ficción de todo el asunto. al igual que la citabilidad del difunto.

Anónimo dijo...

Esto está bestialmente escrito.
Acá nos encantó.

puntito... dijo...

y sigue golpeandonos la ambiguedad del silencio y las palabras en buen espaÑol...que ni es bueno ni es nuestro sino de su dueÑo... sea realidad o sea ficción...

me siguen gustando tus palabras en ñ o en w... muy tuyas