viernes, agosto 28, 2009

ensamblaje

1.
El sol cae diferente. Repercute contra los edificios de ladrillos como si de un lugar a otro mudase los materiales que lo conformaban antes. La grama, igual, es de otro verde.
2.
Hay cosas que no comprendo, aún. A las que no me acostumbro: el contraste entre el excesivo calor sureño y el inevitable frío al que están sujetos los interiores. El caminar sobre alfombras todo el tiempo. El uso correcto de un lavaplatos. El baile con el que se sojuzgan las aspiradoras.
3.
La semana pasada, mi primera acá, tropecé con las mismas tres muchachas asiáticas de camino al supermercado. Les sonreí. Me tomó uno o dos días obtener una respuesta: la simpleza de un gesto recíproco. Al cuarto y quinto día arriesgué un hello. No tuve la misma suerte. Sus miradas se escabulleron por la acera.
No podría destacar su país de origen en un mapa asiático. Puedo decir, con algo de seguridad, que no provienen del Nipón. Pero no es suficiente. No hemos vuelto a coincidir.
4.
El viernes en la noche nos tomó una tormenta eléctrica. El aguacero fue intenso. Largas hilachas de lluvia arropando el estacionamiento. Por la inclinación del asfalto y el parpadear de los postes nocturnos, me pareció ver, por instantes, un pequeño río anaranjado y la promesa de un golpe de agua. A los cinco minutos, azotó un relámpago y se esfumó toda la luz del bloque.
Me sorprendió el silencio. No me había percatado que ya había dejado de escuchar el incesante zumbido del acondicionador de aire del edificio.
5.
Todas las tardes, como a esta hora, justo antes de las cinco, dos hermanas asiáticas salen a correr al parque que está detrás de mi casa. Al rato, se le unen dos niñas negras cuyo acento no puedo adivinar. A veces, un niño rubio se suma. Ponen una sábana en el suelo, al lado de la arena del parque, donde descansan y esperan su turno en los columpios.
6.
Tampoco me acostumbro a pasar días en silencio. Días en los que mi contacto humano está destilado por el insensible filtro de las redes de telefónicas.
La música ayuda. La literatura también.

3 comentarios:

Christian Ibarra dijo...

que cabrón.

desvalijados dijo...

divino sergio. me encanta, además, me identifico.

Marlyn dijo...

Wow. Sí, la alfombra. La constante sensación esponjosa bajo los pies, irreal, no tienes los pies en la tierra, hasta que llegas a la cocina. ja