jueves, marzo 26, 2015

estilo, una columna

Esta columna apareció el miércoles 25 de marzo del 2015 en El Nuevo Día

El otro día escuchaba a un viejo guerrillero venezolano de los años sesenta decir, a una sala llena, y con algo de sorpresa que lo más increíble de “todo esto”-hablaba del estado actual de la sociedad capitalista (neo)liberal- es que su arma más fuerte, más allá de sus agresiones económicas, que sus invasiones militares, había venido a ser lo fácil que lo absorbía todo en su tejido cultural. Que lo más sorprendente es que su violencia no ocurría a nivel de contenido -puedes hablar de lo que quieras, después de todo- sino que ocurre al nivel formal, al nivel del modo en el que puedes “decir lo que quieras”.

El hombre se detuvo entonces y tosió. Al comienzo de su turno, había dicho que había preparado unas palabras sobre la persona a la que se homenajeaba, palabras acerca de su carrera y su lugar en la Historia. Pero así de rápido puso los papeles boca abajo y comenzó a improvisar con respecto al “decir lo que quieras”, a la inherencia 24/7 a través de los medios y los productos culturales de un sistema de valores que, según él, sorprende.

Sorprende porque, aunque insiste en la necesidad de cada uno de nosotros de apartarse del ganado, en hacer nuestro propio camino, seguimos caminando todos en la misma dirección, excepto que sin percatarnos de ello. En otras palabras, lo que le sorprendía al viejo guerrillero del mundo actual era que, a pesar de la libertad de “decir lo que quieras”, la gente parecía querer decir muy poco.

El hombre se recuperó de su tos, y volvió a aquello de la “forma fuerte” del sistema económico, de lo difícil que es enfrentarse críticamente a una ideología que tiene bordes muy ásperos, pero que los esconde mucho mejor y exitosamente que cualquier otro. Eso es lo más violento del mismo, y más hoy en día, dijo, que su violencia no es tanto cosa de contenido, sino, más que todo, es cuestión de estilo.

miércoles, febrero 25, 2015

futuros, una columna

Esta columna apareció el miércoles 25 de febrero del 2015 en El Nuevo Día

¿Cuál es el futuro de la austeridad? Lo pregunto sinceramente. ¿En qué horizonte es que se ancla la retahíla de medidas que siguen insistiendo en el sacrificio de hoy por el mañana? No pregunto por cuáles son las consecuencias reales y materiales de estas medidas. Ésas las está viviendo un mundo en el que la escasez se multiplica y las protecciones sociales se erosionan; un mundo en el que el pueblo le sale demasiado caro al estado y a los mercados financieros.

Lo que quiero entender es cómo es que los defensores de estas medidas se imaginan el mundo después de que las deudas hayan sido disminuidas y los bonistas reembolsados, especialmente tras los “necesarios” cortes salariales, el requerido aumento tributario, la predicada eliminación de los beneficios, la inevitable supresión de los cuidados sociales, la provechosa liquidación del “mantengo”, y el conveniente encogimiento del estado.

En fin, lo que quiero poder apreciar, aunque sólo fuese a nivel argumentativo, es cómo es que los defensores de estas medidas imaginan los futuros que esperan encontrar más allá de la crisis.

Y cuando digo futuros, aclaro, no hablo de los juegos especulativos de la bolsa. Aunque todo parecería indicar que es precisamente en ese nivel que reside y se agota todo el archivo de su visión imaginativa. En teoría, una vez la cuestión de la deuda haya sido aplacada, todo volvería a una vieja y ansiada normalidad caracterizada por la plenitud. Esta normalidad le beneficiaría a toda la ciudadanía, rica, pobre, y sobre todo productiva.

Pero, ¿a cuál normalidad? Habrá que suponer que es la breve y prometida normalidad de la riqueza circa 936, aunque esos detalles parecerían no importar. Tal vez sea eso lo más frustrante del discurso de la austeridad: que le insiste a los tripulantes en que hay que saltar, que grita que el bote se está hundiendo, pero ni tan siquiera se preocupa en mencionar lo que seguramente ya sabe: que el agua está congelada y los botes salvavidas, agujereados.

martes, febrero 03, 2015

la arquitectura, el cine, lo no-construido, y la literatura, dixit aira


Soñó con el edificio en la cima del cual dormía, pero sin adelantarse a la construcción, sin verlo completo y habitado sino tal como se encontraba ahora, es decir en obra. Era una visión tranquila, sin profecías inquietantes, sin invenciones, casi un modo de constatar los hechos. De cualquier forma entre sueño y realidad hay una diferencia, más notable cuanto menor es el contraste entre uno y otra. En este caso la diferencia se reflejaba en la arquitectura, que ya de por sí es un reflejo entre lo que se ha construido y lo que se construirá. Y el puente de los reflejos era un tercer término, que es prácticamente todo en la materia: lo no-construido.

Lo no-construido es característico de las artes que exigen para su realización el trabajo pago de gran cantidad de gente, la compra de materiales, el uso de instrumentos caros, etcétera. El caso más típico es el cine; cualquiera puede pensar en una película por hacer, pero las trabas que imponen el saber hacerla, los costos, el personal, hacen que noventa y nueve veces de cada cien la película no se haga. A tal punto que podría pensarse si ese cuantioso engorro que los adelantos de la tecnología no han hecho nada por aliviar, todo lo contrario, no forma parte esencial del encanto del cine, y paradójicamente lo ponen al alcance de todo el mundo, en términos de ensoñación impráctica. Con las demás artes, en mayor o menor medida, pasa lo mismo. Pero podría pensarse en un arte en el que las limitaciones de la realidad tocaran su mínimo, en el que lo hecho y lo no-hecho se confundieran, un arte instantáneamente real y sin fantasmas. Quizás existe, y es la literatura.

En ese sentido, a su vez, todas las artes tienen una base literaria, fundida en su historia y su mito. La arquitectura no es una excepción. En las civilizaciones avanzadas, o por lo menos sedentarias, el edificio necesita de la colaboración de varios gremios: albañiles, carpinteros, pintores, y después electricistas, plomeros, vidrieros, etcétera. En las culturas nómadas la vivienda la hace una sola persona, casi siempre la mujer. En estos casos lo social, esa extensión simbólica inevitable, se da en la disposición de las viviendas en el campamento. Con la literatura pasa otro tanto: hay obras en las que el autor se vuelve, por contracción simbólica, la sociedad entera, y escribe con la colaboración real o virtual de todos los especialistas de su cultura; otras obras son hechas por el hombre (que para la ocasión se vuelve mujer) solo, sin ayuda, y entonces la sociedad queda significada por la disposición de los libros propios y ajenos, por su aparición periódica, etcétera”.

César Aira, Fantasmas

miércoles, enero 28, 2015

syriza, una columna

Esta columna apareció el miércoles 28 de enero del 2015 en El Nuevo Día


El domingo, ante la entonces inminente victoria griega del partido de coalición izquierdista Syriza, un ministro de finanzas de la Unión Europea insistió en que, con respecto a la deuda helénica y a pesar de lo que anteriormente se había dicho, sí había posibilidad de negociación fiscal. Eso sí, continuó, de lo que no había posibilidades era de cambiar las reglas de la unión monetaria. El ministro belga, quebrando con el aire conciliador de quien se ve con la cola entre las ancas, remató insistiendo que “es imposible cambiar las cosas fundamentalmente”. En otras palabras, y en nuestro dialecto autóctono isleño, “such is life”.
Lo increíble de la sentencia del ministro, y de gran parte de los economistas de la pasada década, no es la facilidad con la que fijan los horizontes de posibilidad (qué se puede hacer y qué no). Lo que sorprende es la comodidad y la desfachatez con la que son capaces de abolir dichos horizontes y las reglas del juego cuando son sus intereses los que se ven afectados.
Hay que recordar que cuando la Unión Europea accedió a ayudar a la economía griega, dictó que sólo sería posible hacerlo tras una dura serie de medidas de austeridad. Éstas estuvieron dirigidas a cortar gasto, salario y retiro público, arrasando indiscriminadamente con los beneficios y los cuidados sociales que justo se habían instituido a mediados de un siglo pasado como parches a un sistema ya entonces roto y parcial a la crisis. Sin embargo, ante la victoria de Syriza, esta sentenciosa imposibilidad se revela un poco menos imposible.
Antes de comenzar a hablar de “rudos despertares” tan temprano en el juego, quizás debamos postergar el gesto un momento y mirar la extraña cifra Syriza para ver en ella, no el acrónimo de un improbable partido victorioso, sino la más reciente negación de la fatalidad neoliberal, de esa tendencia a declararse fin de la historia.
“Such is life”, dicen una y otra vez. Podemos, hoy, responder: “No, it ain't”.

martes, enero 13, 2015

dilema mercantil, dixit massumi

Why defer satisfaction if the capitalist future is constitutively uncertain? But on the other hand, how can you not play it safe by deferring your satisfaction, precisely because the capitalist future is so uncertain?, asks Brian Massumi in The Power at the End of the Economy (2014)

lunes, enero 05, 2015

el emperador de los helados, dixit stevens

Wallace Stevens, The Emperor of Ice-Cream / El emperador de los helados

Llama al que lía gruesos cigarrillos,
Al forzudo, y ofrécele batir
En tarros de cocina las concupiscentes cuajadas.
Deja que las sirvientas huelguen con los mismos vestidos.

Que suelen llevar, y deja que sus galanes
Lleven flores envueltas en periódicos del mes pasado.
Deja que ser rime con parecer.
El único emperador es el Emperador de los Helados.

Llévate algo del aparador
Donde faltan tres borlas de cristal, aquella sábana
Donde ella bordaba una vez fantasías
Extendiéndola luego para ocultar su cara.
Si sus callosos pies quedan fuera, llegan
A mostrar qué fría y muda está ella.
Deja fijar la lámpara a su viga
El único emperador es el Emperador de los Helados.



domingo, enero 04, 2015

los pájaros y el tendido eléctrico, escribe robinson

I was trying to remember what birds did before there were telephone wires. It would have been much harder for them to roost in the sunlight, which is a thing they clearly enjoy doing, se pregunta un personaje de Marilynne Robinson, en Gilead.

sábado, enero 03, 2015

nada más asombroso que un rostro, dice robinson


That is something. And I’m glad I knew it at the time, because now, in my present situation, now that I am about to leave this world, I realize there is nothing more astonishing than a human face. Boughton and I have talked about that, too. It has something to do with incarnation. You feel your obligation to a child when you have seen it and held it. Any human face is a claim on you, because you can’t help but understand the singularity of it, the courage and loneliness of it. But this is a truest of the face of an infant. I consider that to be one kind of vision, as mystical as any. Boughton agrees--dixit Marilynne Robinson en Gilead. (66)