domingo, noviembre 05, 2017

el futuro es inimaginable, el presente inmanejable, dixit jennifer silva


Es decir, el dicho "lo personal es político" tenía la intención de revelar la naturaleza profundamente histórica y colectiva de la experiencia, y no la creación de un sin fin de narrativas individuales. Sin embargo, sin un sentido colectivo de las desigualdades estructurales, el sufrimiento y la traición que surgen de la des-industrialización, la desigualdad y el riesgo son interpretados como fracasos individuales: sus parientes son vistos como individuos indignos y sus adicciones y enfermedades como vicios privados. Al fin y al cabo, el predominio del pasado familiar, inestable e imperfecto, termina ocultando el poder determinante de presente mercantil, inestable e imperfecto. Al descartar las fuerzas sociales que minan sus intentos de crear futuros seguros y al asignarse la responsabilidad del éxito a sí mismos, esta generación de jóvenes de clase trabajadora experimentan la llegada a la adultez como un perenne quedarse cortos.
--dixit Jennifer Silva en Coming up Short, una etnografía de jóvenes de clase trabajadora en la que la socióloga analiza los usos y límites del discurso terapéutico del yo en el presente estadounidense. 

martes, octubre 31, 2017

los cómplices, una columna

Photo: Joe Raedle, Getty Images)


Los cómplices

He dejado de hablar de María. He comenzado a responder las preguntas de algunos vecinos y colegas acá en el midwest estadounidense con generalizaciones, muecas, o tirando de los hombros.
Mi diminuta moratoria se debe a que, con la visita de Trump a la isla y su cobertura, y tras un primer empujón de solidaridad y neta curiosidad, noté un cambio en el interés de muchos de mis interlocutores.
Por entonces, cuando me preguntaban acerca de la situación, les contaba de la familia y, luego, me daba a una diatriba sobre el colapso del gobierno local, su irresponsable falta de preparación, las asfixiantes leyes de cabotaje, el terrible y pre-existente estado de la infraestructura eléctrica isleña, los cuestionables contratos millonarios que ya se anunciaban para su habilitación, etcétera.
Sin embargo, tras la llegada del presidente, las conversaciones sobre la isla se dirigían a las brevísimas horas que pasó el individuo en el Caribe, a su actuación allí, a su más reciente twit, comentario, opinión, o perreta. De golpe, la situación de la isla se reducía a lo que ya es una obsesiva fijación: era Trump el principio y final de la crisis económica, social, y política que fue y sigue siendo María en Puerto Rico. Era Trump el único que podría traer una solución. Y era Trump el mayor obstáculo a la reconstrucción del país.
Confieso que si al principio intenté matizar la situación un poco, trayendo a colación los grupos de la sociedad civil que han hecho el país vivible, o las ineptitudes del gobierno local, muy pronto me rendí ante lo que se hizo evidente. Me harté de que la crítica al ejecutivo estadounidense, que si lograba implicar al gobierno federal y su deficiente respuesta al huracán, borrara por completo la complicidad, ya centenaria, de un gobierno local defectuoso y corrupto. Intenté interrumpir, aclarar. “Sí, pero no”, me decían; “Trump, Trump, Trump”.
Fue entonces cuando decidí dejar de hablar de María, hacer una mueca, tirar de los hombros. Por lo menos donan dinero, me dije.

martes, septiembre 05, 2017

un poema algo esperanzador ante la catástrofe, del poeta muerto john ashbery


AMID MOUNTING EVIDENCE

I was reading about dinosaurs:
Once the scratching phase is over, and the mirage
Or menage has begun, and the world lies open
To the radiation theory (tons of radiation, think of it,
Reversing all normal procedures
So that the pessimistic ball of wax begins
To slide down the inclined plane again
Bringing further concepts to their doom while encouraging
The infinity of loose ends that
Is taking over our government and threatening to become life
  as we know it!)
It is time to slink off to one’s post in some cold desert
(Not the Sahara, more like the Gobi actually)
And wait amidst that sadness known as banishment
For the point to reappear, though it may never do so,
And what was that strange uniform?

Only that we lived happily in ever-after land
And the fire of my mind was still with us then
Prevented the object of these negotiations from becoming a
   toy
Farther down the keyboard (and of course this did happen
Later on, every potential is realized if one waits long enough
Only by that time the context may have faded, fragile
As summersweet or the light on a windowsill, and then,
And then, why the text will be seen as regular
Only no one wants to play anymore; games
Have their fashions much as truth does) and our lives from
Being turned into a shambles too large to deal with,
  unreasonable;
And as masonry weathers, as moths are silently at work in
  blankets
Even as you read this, I saw no reason for complaint
Or murmur and the entourage liked me, agreeing
With me that this wasn’t the right time nor place,
That arguments would be foreshortened if initiated now.
-->
Yet this toothache that never seems to go away.

miércoles, agosto 23, 2017

el juego de gallitos, una columna

Esta columna se publicó en El nuevo día el miércoles, 23 de agosto del 2017. 



El juego de gallito

La imagen está detenida y tú en plena acción, tu brazo estirado, tu mano apretando un gabete del que has tirado y, en el aire, a punto de azotar el de tu contrincante, está tu gallito, un poco escascarado porque accidentalmente lo raspaste al sacarlo de la vaina de algarroba. Míralo cómo vuela.
Eres el menor de la calle. O, por lo menos, de ese grupo de vecinos. Te encantaría ganar. Casi nunca ganas. Hasta ese momento. En ese instante, lo crees posible. Pones, por un segundo, todas tus esperanzas en esa semilla dura. Imaginas que si ganas te tomarán un poquito más en serio.
Entonces la imagen se activa; se lanza hacia delante, como si pasara de Pausa a Fast Forward, echando a un lado el Play. Tu gallito le pega, con fuerza, al del otro. Una nube de polvo se levanta. Vuelan pedazos de cáscara. No sueltas el gabete. Tu vecino tampoco. No quieres mirar, pero miras. Tu gallito está clavado en el de él.
Parpadeas y el minuto insiste en pasar y te sorprendes al ver que tu gallito, en cuestión de nada, se deshace, se desmorona. El de tu contrincante permanece intacto. Perdiste otra vez.
Te acuerdas de esto tras un sueño, tantos años después. Ese encuentro lo recuerdas claramente. ¿Fue esa la última vez que jugaste? Es posible. ¿Cómo se jugaban los gallitos exactamente? Se te hace difícil precisarlo. Estás casi seguro de que ni tan siquiera los habías pensado en una década. Lo buscas en YouTube. Hay un video. Lo ves. Te ríes. Sientes la necesidad de ponerlo en Facebook. Otros se ríen y comentan.
Decides escribir de ello. No es nostalgia, lo sabes. Es, en todo caso, un intento, en estos días en los que todo está en juego, en venta, de registrarlo, de incluirlo en un inventario que fije la antigua forma de tus días. ¿De nuestros días?

sábado, agosto 19, 2017

sobre el tic toc diario, barnes dixit

We live in time--it holds us and molds us--but I never felt I understood it very well. And I'm not referring to theories about how it bends and doubles back, or may exist elsewhere in parallel versions. No, I mean ordinary, everyday time, which clocks and watches assure us passes regularly: ticktock, clickclock. Is there anything more plausible than a second hand? And yet it takes only the smallest pleasure or pain to teach us time's malleability. Some emotions speed it up, others slow it down; occasionally, it seems to go missing - until the eventual point when it really does go missing, never to return; dice Julian Barnes en Sense of an Ending y con esta termino las tres citas que encontré en un e-mail que me envié hace unos añitos. 

viernes, agosto 18, 2017

la golpiza cotidiana, sigue barnes

I certainly believe we all suffer damage, one way or another. How could we not, except in a world of perfect parents, siblings, neighbors, companions? And then there is the question on which so much depends, of how we react to the damage: whether we admit it or repress it, and how this affects our dealings with others.Some admit the damage, and try to mitigate it; some spend their lives trying to help others who are damaged; and there are those whose main concern is to avoid further damage to themselves, at whatever cost. And those are the ones who are ruthless, and the ones to be careful of; dice Julian Barnes en Sense of an Ending según un e-mail viejo con el que me tropecé y que parece que me envié a mí mismo cuando leí la novela hace unos años, y del que he estado poniendo citas los pasados días. 

jueves, agosto 17, 2017

vida≠literatura, dixit julian barnes


This was another of our fears: that life wouldn't turn out to be like literature; dice Julian Barnes en Sense of an Ending según un e-mail viejo con el que me tropecé y que parece que me envié a mí mismo cuando leí la novela hace unos años. 

miércoles, julio 26, 2017

sobrevivir la porquería, una columna




Sobrevivir la porquería



Llevo como un año pensando que la situación del país tocó fondo y mañana tras mañana descubro que me equivoqué nuevamente y me digo, con una seguridad inocente, “ahora sí es que es”. Pero vuelvo a errar y repito toda la rutina otra vez el día siguiente.
Ya ni lo digo por la existencia de la Junta.
 Si no lees los periódicos y borras a todos tus conocidos que hablan de política por Facebook, puede llegar a parecer que la Junta no existiera. La Junta, después de todo, sigue estando compuesta por las mismas gentes, por los mismos apellidos. Y, para bien o para mal, los golpes de sus medidas tienen más de tortura china que de operación militar gringa y aunque ambas tácticas matan, la primera toma más tiempo en registrar.
Lo que me hace pensar que la cosa tocó fondo es, más que nada, lo demás. Por ejemplo, las cenizas en Peñuelas. O la retrógrada perseverancia del discurso homofóbico. O el sádico individualismo de muchos a quienes cualquier reclamo de justicia (educativa, social, económica) les parece changuería, disturbio, vagancia. Etcétera. 
Después de todo, la situación del país no es sólo la porquería de clase política. La situación política es, también, la gente. Y, caramba, mañana tras mañana intento negármelo con todas las herramientas críticas e imaginativas que tengo: contextualizo, historizo, narrativizo y todo eso, pero como quiera me asedia la conclusión de que hay mucha gente porquería. Supongo que la hay en todos lados, pero qué chavienda.
Así que, esta mañana, desperté y acepté que no hay fondo que tocar. Que se trata de una caída libre. Que ya. Que quizás sólo queda darle la espalda al asunto y comenzar a vivir como si estuviéramos en una de esas películas posapocalípticas que tanto pegan últimamente y en las que, ante la debacle, la justicia y la política vuelven a desplegarse en lo cotidiano, en el entablar una forma de vida un poco menos puerca que la anterior.

miércoles, junio 28, 2017

malas lecturas, una columna




A principios de mayo un estudiante preguntó en clase si Puerto Rico estaba efectivamente bajo dictadura. Hablábamos de literatura contemporánea, de un libro de cuentos reciente del escritor Juanluís Ramos que no tiene nada que ver con política. Antes de responder, pensé en el libro: los relatos giran, a grandes rasgos, en torno a un personaje homónimo que sufre humillación tras humillación y que, al son, se hunde cada vez más en una depresión abúlica. Es cómico.
No vi conexión alguna e iba a descartar la idea pero, como sucede en estas clases de final de semestre en las que todos estamos agotados, no lo hice a tiempo (retrospectivamente uso de excusa que una clase de literatura debe abrirse, también, a la imaginación). Otro estudiante tomó la idea e inmediatamente pactó con los de su corillo que sí. Como estaba al día, lo asoció a la huelga de estudiantes que corría por entonces, a la Junta y, ante miradas cínicas, procedió a buscar una definición en el diccionario.
Una dictadura, dijo, acentuando las sílabas llanas y diptongando un poco las vocales, es “un régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”.
“Exacto”, dijo otra, quien creo no había leído el libro, y pasó a argumentar que la depresión y la abulia eran metáforas para la falta de agencia del pueblo y la imposición unilateral de medidas de austeridad. Alguien añadió que la abulia también podía ser, de cierto modo, un modo de resistencia. (Cabe notar que “agencia”, “resistencia” y “subversión” son palabras diarias de este College).
Era una lectura terrible del texto, claro. A veces un tipo deprimido es un tipo deprimido, les dije. Sabía que me retarían, porque es parte de lo que jugamos. Joven y más radical que yo, una me respondió, riéndose, que a veces una dictadura es una dictadura.