martes, abril 15, 2014

todo reposa en ella sobre la fabricación de armamentos, escribó portilla sobre la economía americana en el '62

He leído en el Express un reportaje de Nora Beloff sobre la economía norteamericana, y el alma se me cayó a los pies. Todo reposa en ella sobre la fabricación de armamentos. Los sindicatos, el público, el gobierno, los militares, todos exigen la carrera armamentista como base de sustentación de la economía americana. ¿Cómo o cuándo vamos a tener paz de esta manera? ¿A qué vienen las conferencias de desarme? ¿Cómo es posible el desarme si el armamento es el pivote de esta economía?, escribió Jorge Portilla en su columna en  'La cultura en México' de la Revista Siempre!, el 10 de octubre del 1962.

jueves, abril 10, 2014

no conoces a dolores cardona, una reseña

NO CONOCES A DOLORES CARDONA, reseña radial de El muro que guarda el rosal.
Para Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico (7 de abril del 2014)

Dolores Cardona, detective de impecable puntería y sentencia certera. En el libro El muro que guarda el rosal de Francisco Velázquez, la justiciera Lola Cardona se cierne sobre el Puerto Rico de los años cuarentas y cincuentas para intentar resolver el asesinato de un chino-cubano que es hallado sin vida en un hotel, y el de un hombre de sociedad que muere en plena despedida del año 1949. La Cardona, como le llaman en voz baja en los perturbados boys clubs de la época, irrumpe sin pedir permiso, casi siempre armada hasta los dientes y dispuestas a hacer las preguntas adecuadas, que suelen ser las preguntas menos decorosas.

Lola Cardona navega aguas difíciles. El Puerto Rico en el que se desenvuelve es uno en plena transición política, en el que la Policía intenta resolver los crímenes cotidianos sin pisarle el traje a la oligarquía apellidada, en los que el FBI se juega en las operaciones de la época de McCarthy, indeciso si en casería de comunistas chinos, nacionalistas puertorriqueños, o dinero fácil. Son años, también, marcados por la gran migración de puertorriqueños a los Estados Unidos, y por la continua dictadura que ejerce el Manual de Modales de Carreño sobre las mujeres y sus familias.

Pero, Velázquez no ha escrito un libro de historia, sino un movido libro compuesto de tres novelas cortas detectivescas, publicado por la editorial La secta de los perros y disponible en las librerías de Río Piedras.
A través de los relatos, la dura y lujuriosa Dolores Cardona va descubriendo que nada es tan fácil como parece, y que las pistas que va hallando son precisamente las que sus superiores van escondiendo. De modo que Dolores pronto se percata que aclarar los crímenes implica arremeter contra una jerarquía burocrática, política, y legal, harto corrupta. Hacer todo esto, y tener que lidiar con el amor, la macharranería, y el placer, no es poca cosa. Pero Dolores Cardona lo logra.

La novela detectivesca caribeña siempre ha sido un género juguetón. Sus detectives muy pocas veces han podido vestir las chaquetas oscuras que tradicionalmente visten aquellos con la suerte de vivir más al norte. Sin embargo, al igual que el puertorriqueño Wilfredo Mattos Cintrón y el cubano Leonardo Padura, Francisco Velázquez es un maestro del género y en El muro que guarda el rosal ha sabido adaptarlo para que éste ofrezca una mirada crítica y refrescante sobre una época en la que se jugó el futuro legal de la isla desde las calurosas antesalas de lo ilegal.

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Nota aparte: El muro que guarda el rosal está compuesto de las primeras tres novelas protagonizadas por Dolores Cardona. Hay otras dos disponibles en Amazon, que conforman una segunda trilogía aun inconclusa. Una vez salga el último volumen, será compilada en un solo tomo, según me ha informado el autor. Pueden accesar estas, al igual que las otras obras del autor, a través de la página de Amazon de Velázquez

martes, abril 08, 2014

de robots a maquilas, dice graeber

End of work arguments were popular in the late seventies and early eighties as social thinkers pondered what would happen to the traditional working-class-led popular struggle once the working class no longer existed. (The answer: it would turn into identity politics.) Jameson thought of himself as exploring the forms of consciousness and historical sensibilities likely to emerge from this new age.

What happened, instead, is that the spread of information technologies and new ways of organizing transport—the containerization of shipping, for example—allowed those same industrial jobs to be outsourced to East Asia, Latin America, and other countries where the availability of cheap labor allowed manufacturers to employ much lesstechnologically sophisticated production-line techniques than they would have been obliged to employ at home.

From the perspective of those living in Europe, North America, and Japan, the results did seem to be much as predicted. Smokestack industries did disappear; jobs came to be divided between a lower stratum of service workers and an upper stratum sitting in antiseptic bubbles playing with computers. But below it all lay an uneasy awareness that the postwork civilization was a giant fraud. Our carefully engineered high-tech sneakers were not being produced by intelligent cyborgs or self-replicating molecular nanotechnology; they were being made on the equivalent of old-fashioned Singer sewing machines, by the daughters of Mexican and Indonesian farmers who, as the result of WTO or NAFTA–sponsored trade deals, had been ousted from their ancestral lands. It was a guilty awareness that lay beneath the postmodern sensibility and its celebration of the endless play of images and surfaces.

viernes, abril 04, 2014

El día primero de abril salí de la casa y caminé al café, donde me senté a leer. De allí, pasé a la taquería gringa. Luego, me senté en una biblioteca, y leí un poco más. 

Esa mañana la temperatura subió. A lo demás, recordé, se le llamaba 'sol'. 

resentimientos extraviados, dice p. frase sobre la ética del trabajo


The rage directed at the figure of “a hipster on food stamps” is only intelligible in terms of the rotted ideological foundation that supports it: an ideology that simultaneously glorifies the suffering of the exploited and vilifies those among the dispossessed who are deemed to be insufficiently hard-working or self-reliant. It treats some activities (making art) as worthless and parasitic, and others (working temp jobs) as totems of “resourcefulness” and “self-reliance,” without any apparent justification. This is what we have learned to call the work ethic; but the vociferousness with which it is expressed masks its increasing hollowness. For just who counts as a hard worker, or a worker at all?

Peter Frase, sobre las políticas del resentimiento y la ética del trabajo en el blog de  Jacobin

jueves, marzo 27, 2014

¿a quién le quitan la muerte?, preguntaba Villaurrutia

Villaurrutia, o Hombre Enclenque en Frac
"En momentos como los que ahora vivimos, la muerte es lo único que no le pueden quitar al hombre; le pueden quitar la fortuna, la vida, pero la muerte, ¿a quién se la van a quitar?", decía Villaurrutia, el alegre. 

miércoles, marzo 26, 2014

buenvivir, una columna

Esta columna fue publicada en el miércoles, 26 de marzo del 2014 en El nuevo día.


En Puerto Rico, la gente que vive del mantengo vive mejor que los que trabajan y pagan impuestos. Eso según una de las entrevistadas en una nota sindicada que corrió intacta de periódico gringo a periódico gringo sobre la convención para los interesados en irse a la Florida el sábado pasado.

Algo similar me comentó hace un tiempo una conocida en un pequeño bar al sur de los Estados Unidos, al contarme que, en los noventa, su familia, después de décadas de esfuerzo tuvo que vender sus carros e hipotecar la casa para poder sobrevivir, mientras que había gente que no tenía que esforzarse para vivir en donde vivían y tener los carros que tenían.

Le pregunté si se refería a los ricos, a los “trust-fund babies” que conocíamos, y dijo que no. Realmente hablaba de los que vivían en el “ghetto” y en los “projects”. Al darse cuenta del desliz hacia la incorrección política, se corrigió: “Sí, también los ricos”.

Recuerdo haberle preguntado si su familia llegó a “caer al mantengo”. Me dijo que no, que hubo suficientes ahorros para vivir durante los tiempos de crisis. “Pero fue duro”, añadió. Con algo de Jalisco, le pregunté que por qué simplemente no dejaron de trabajar, para unirse a las gestas de mantenidos que, después de todo, vivían supuestamente mejor que ellos.

Lo dije por molestar, claro, sabiendo que, al fin y al cabo, esta inquietud clase mediera realmente tiene muy poco que ver con los “mantenidos” en tanto personas. Se trata más bien de que la clase media encuentra su mito fundacional en la idea economico-moral de que el trabajo los librará de la necesidad.

De la necesidad, por supuesto, y de esos otros que viven del mantengo y que tienen el atrevimiento de no perderlo todo, persistiendo, del mismo modo que persistimos todos los demás.

martes, marzo 25, 2014

pecados originales, decía carlitos marx

Carlitos como hombre decente.
This primitive accumulation plays approximately the same role in political economy as original sin does in theology. Adam bit the apple, and thereupon sin fell on the human race. Its origin is supposed to be explained when it is told as an anecdote about the past. Long, long ago there were two sorts of people; one the diligent, intelligent, and above all frugal elite; the other lazy rascals, spending their substance,and more, in riotous living. The legend of theological original sin tells us certainly how man came to be condemned to eat his bread in the sweat of his brow; but the history of economic original sin reveals to us that there are people to whom this is by no means essential. Never mind! Thus it came to pass that the former sort accumulated wealth, and the latter sort finally had nothing to sell except their own skins. 

Carlitos Marx, El Capital, vol.1 (de la edición de Pengiun del '77, p.873)

miércoles, marzo 12, 2014

el animal sabático, dixit agamben

Retrato de Agamben como una criatura de muchos brazos.
Human life is inoperative and without purpose, but precisely this argia and this absence of aim make the incomparable operativity of the human species possible. Man has dedicated himself to production and labor [lavoro], because in his essence he is completely devoid of work [opera], because he is the Sabbatical animal par excellence...This inoperativity is the political substance of the Occident, the glorious nutrient of all power. For this reason festival and idleness return ceaselessly in the dreams and political utopias of the Occident and are equally incessantly shipwrecked there. They are the enigmatic relics that the economic-theological machine abandons on the water’s edge of civilization and that each time men question anew, nostalgically and in vain. Nostalgically because they appear to contain something that belongs to the human essence, but in vain because really they are nothing but the waste products of the immaterial and glorious fuel burnt by the motor of the machine as it turns, and that cannot be stopped.

Giorgio Agamben, The Kingdom and the Glory